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¿POR QUÉ LAS MUJERES VIVEN MÁS QUE LOS HOMBRES?


Sí, es cierto: las mujeres están hechas de otra pasta, actúan de forma diferente a los hombres e, incluso, afrontan mejor cualquier obstáculo que interfiera en su camino. ¿El premio a esa benevolencia? Ellas viven más. Los últimos datos estadísticos dicen que, en España, las féminas superan en casi siete años las expectativas de vida de los varones. ¿Por qué?

Nació en 2010... ¿vivirá más de cien años?

¿Quién fue el primero –o la primera– en atreverse a categorizar a las mujeres en el grupo denominado el sexo débil? ¡Qué equivocación tan supina! Nada más lejos de la realidad. En la primera década del siglo XXI, no resulta un hecho novedoso –aunque muchos, hasta ahora, lo hayan desconocido– que las mujeres vivan más años que los hombres. Dicen los expertos que cualquier persona es capaz de vivir un decenio más si adopta unos hábitos de vida saludables y si los factores físicos y medioambientales también contribuyen a ello. Hasta ahí, todo claro. El asunto cambia ligeramente de tercio cuando quedan patentes las diferencias de longevidad entre uno y otro sexo, un en las mismas condiciones de igualdad, en similares ubicaciones geográficas y compartiendo idénticos hábitos de vida. Con todo... está demostrado: ellas pasan por la vida mucho más tiempo que ellos. ¿Es magia, es ciencia o es un regalo de la Naturaleza a quienes se encargan de perpetuar la especie? En realidad, es un poco de todo...

Mucho más que noticias

“Sólo Dios sabe por qué he vivido tanto. Preguntadle a él. Me he cuidado bien, como él quería”, seguró Gertrude Baines, mujer estadounidense que, hasta que falleció, hace sólo unos meses, era la mujer más longeva del mundo. El último día de su vida tenía 115 años. Ahora, la japonesa Kama Chinen, de Okinawa, ostenta ese récord. Tiene 114 años. Si se analizan los periódicos de los últimos cinco años, no resulta complicado localizar noticias destacadas cuyos titulares giren en torno a La mujer más longeva del mundo... En realidad, hoy en día, cualquier persona que sobrepase con creces los 90 años ya es longeva. Pero, ¿por qué son sólo mujeres las protagonistas de las noticias sobre el máximo número de años vividos? O, dicho de otro modo: ¿quizás los hombres no sean tan longevos? “Pueden serlo, pero en menor proporción que las mujeres.

Más de 300 teorías sobre la longevidad de las mujeres

Hay más de 300 teorías diferentes sobre por qué las personas envejecen de distinta forma y ninguna de ellas ha conseguido ofrecer una explicación efectiva al cien por cien”, explica José Marquez Serres, presidente de la Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad (SEMAL). Lo cierto es que el hecho de que ellas vivan más que ellos suscita curiosidad casi a diario entre quienes se paran un instante a pensarlo. Más aun, entre los científicos que ocupan su tiempo en investigar las causas de este fenómeno.

Estrógenos: hormonas al poder

Los estrógenos confieren a las mujeres un plus de defensas naturales con el que los hombres no cuentan.

Mucho antes de que el célebre naturalista Charles Darwin teorizara sobre la evolución de las especies y comunicara a la Humanidad que las mujeres tienen “puntos extra” porque son ellas las encargadas de asegurar la supervivencia de los retoños, los estrógenos –las hormonas sexuales femeninas– ya habían empezado a hacer de las suyas. De hecho, es ésta una de las razones que más peso cobra a la hora de explicar los siete años más de vida de ellas respecto a ellos. Los científicos no dudan ni un solo instante en señalar que la presencia de estrógenos en el organismo de la mujer, desde su nacimiento, confiere a ésta un plus de defensas con el que el varón no cuenta en ningún momento de su vida. Los estrógenos las protegen de enfermedades cardiovasculares y evitan una oxidación más rápida y progresiva de sus células. “¿El resultado? Los hombres se oxidan antes. Por este motivo, ellos son mucho más propensos a sufrir procesos degenerativos e inflamatorios”, explica el doctor Pedro Gil, geriatra y presidente de la Sociedad Española de Geriatra y Gerontología (SEGG). ¿Quiere esto decir que los hombres no tienen estrógenos? No. Los tienen, pero en una proporción notablemente inferior a ellas. Tan minúscula que es casi inapreciable.

Testosterona: la hormona guerrera

La hormona sexual por excelencia de los hombres es la testosterona. Para bien o para mal, ella es la encargada de que los machos de cualquier especie ejerzan grandes niveles de actividad física. Y ahí, precisamente, reside buena parte del carácter guerrero y luchador que los hombres han demostrado –y también sufrido– a lo largo de la historia de la humanidad. Los varones también presumen de tener mucha más agresividad y competitividad que las mujeres, algo que, una vez más, sitúa a éstas en el primer puesto de la longevidad humana. “Los hombres siempre han sido los encargados de ir a las guerras y, por ello, han tenido muchas más posibilidades que ellas de morir jóvenes”, dice Santiago Palacios, ginecólogo y director del Instituto Palacios Salud de la Mujer. Y añade: “El carácter aguerrido de los hombres se ve ya en fases muy tempranas de su desarrollo. La manera de ser de un adolescente varón es sobrevalorarse. Aunque un joven no fuese capaz de llegar nadando a una isleta que no se encuentra cerca de la orilla, lo haría, con tal de demostrar su virilidad. En muchos casos, el chico se ahogaría. La adolescente no arriesgaría su vida aunque fuese capaz de llegar a la isleta, porque no necesita demostrar nada”. ¿Es entonces ese carácter previsor y más prudente de las féminas un tanto a favor que contribuye a su duración prolongada? Definitivamente, sí. Pero aún hay más: “La testosterona también eleva los niveles de colesterol malo en sangre, con lo que se incrementan para el hombre las posibilidades de sufrir una cardiopatía o un infarto cerebral. En las mujeres, esto no es lo usual hasta después de la menopausia”.
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Los estrógenos confieren a las mujeres un plus de defensas naturales
con el que los hombres no cuentan. Ellos tienen testosterona,
una hormona que estimula, entre otras cosas, la actividad física.

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